Anti-réquiem
(para Emilia)
Emilia, la mujer de Sacoccia, acaba de morir. Esta
misma tarde, tras una lucha de años contra el cáncer. No fué la enfermedad,
fué ella misma que se cansó y dijo basta y se acostó a dormir y ya no despertó.
Me gusta pensar que murió en paz con ella y con la muerte misma. No hubo
vencedores ni vencidos, en todo caso una tregua, un final de partida.
Sacoccia es fundador y director de una biblioteca
teatral que atesora unos diez mil títulos de autores de todo el universo. Una
biblioteca teatral rodeada de montañas y desierto puede sonar a cuento de García
Márquez, como mínimo. Pero, según el propio Gabo, está visto que la realidad
podrá siempre con la fantasía, y en esto el maestro estaba más acertado que
el más loco de sus cuentos.
Sacoccia y Emilia llegaron a Zapala hace treinta años.
También Zapala era distinta por aquel entonces, también el país, también la
vida. Ellos sin embargo eran casi los mismos. Venían cargados de sueños, sueños
que se hicieron vida en sus dos hijos y en la merecida prosperidad que
propiciaron sus profesiones (farmacéutica ella, abogado él) y su amor al
laburo. Sacoccia llegó a Juez como consecuencia lógica de una vocación de
entrega y una honestidad tan transparentes como insólitas para los tiempos que
corren. Otros oficios pasaron por Sacoccia, que de alguna forma corroboran su
inefable buen corazón. Además de juez, Sacoccia es mago. De joven (de más
joven que hoy mismo, a los cincuentipico) Sacoccia se ganó la vida como mago.
Todavía hoy sorprende a amigos y entenados con alguna gracia secreta y sabrosa.
Y todavía hoy las regala (a su vida y a su magia) organizando a mansalva
concursos de "teatro de humor", cargando con gastos de traslado y
estadía para ganadores y premios consuelo. Cada dos años, allá por mediados
de Abril, Emilia y Sacoccia abren las puertas de su casona de Zapala y reciben y
agasajan a los ilustres ganadores que se sienten, aunque sea por unos días,
ilustres en serio. Buenos Aires está lejos, Buenos Aires es una mentira de cartón
y pasillo. Emilia y Sacoccia cocinan platos exquisitos para paladares
asombrados. Los teatristas del Neuquén se contagian y hasta le ponen el pellejo
y el alma a las obras premiadas, por un par de días la vida es otra cosa, la
vida deja de ser mentira gracias a esos teatristas que se citan en Zapala y a la magia de Emilia y Sacoccia. Hasta la muerte
puede esperar cuando la magia es más fuerte, que lo digan sinó Emilia y
Sacoccia y todos los magos y las brujas de Zapala, que hoy lloran en silencio su
pena de siesta mutilada.
Porque se ha muerto en una siesta, Emilia, sin
hacerle concesiones a la muerte, dejando expresas instrucciones y voluntades
para que en Abril la casona se llene de teatro. Se ha muerto en la siesta,
Emilia, la mujer de Sacoccia, pero seguramente se las ingeniará para estar ahí,
en abril, con la casa llena de teatro y el corazón pleno de magia.
Luis Alberto Saez
Bs As – 12 Enero 2005